Libros que cambiaron mi vida: Nocilla Dream

No me queda duda de que mi gusto por el afterpop se debe a que ya lo había leído antes y me había quedado con ganas de más. Si se sigue lo que he dicho en estas últimas notas (y asumo que alguien además de mí lo hace, sino ya habría dejado de leer) queda la idea de que un libro lleva a otro y así:

Mapa parcial de lecturas. Considérese que cada flecha está compuesta por otras lecturas, interrupciones, la vida, etc.

Sin embargo, lo cierto es que así como cada libro nos lleva a nuevas lecturas, estas nuevas lecturas nos devuelven a otros libros y los resignifican, más o menos así:

Mapa parcial de lecturas con algunas influencias de las relecturas, elegidas por sobre otras más que nada para no hacer el mapa ilegible.

Lo importante acá es notar como, por ejemplo, leer Afterpop de Eloy Fernández Porta es una operación complicada, ya no sólo por su complejidad estructural (Jorge Herralde comparó a EFP con una cruza entre Walter Benjamin y un punk), sino porque al leer Afterpop actualizo las lecturas de Nocilla Dream, Other Electricities, House of Leaves, Ficciones, V., V for Vendetta, Snakes and Ladders, Negra espalda del tiempo, etc. sólo por mencionar las lecturas que están en el mapa (entre las que quedan fueras están todo Umberto Eco, todo Lipovetsky, todo Vila-Matas, etc.). Pero nunca habría llegado a Afterpop sin pasar por Nocilla Dream de Agustín Fernández Mallo y esa sólo razón hace que la primera parte de la trilogía Nocilla sea uno de los libros que cambiaron mi vida.

Eso no quiere decir que sea la única razón ni la más importante. Mucho veneno ha caído sobre este libro y todo lo que provocó después (o al menos los medios hicieron parecer como que lo provocó, que a falta de académicos que digan lo contrario, da lo mismo). Pero, para los que perseguimos durante mucho tiempo la obtención de un ejemplar y lo leímos con toda la expectativa que esa persecución implica, nunca decepcionó. Eso ya es bastante.

Más importante, Nocilla Dream proponía una nueva forma de narrar.

(El lector atento verá que los mapas que abren esta nota indican que eso no es del todo cierto: hay muy pocas diferencias temáticas o estructurales, por ejemplo, con Other Electricities de Ander Monson. No hay nada en Nocilla que no estuviera ya llevado a sus últimas consecuencias en House of Leaves o prefigurado en Rayuela. ¿Y entonces, es nuevo o no? Decídete, René.)

Algo me pasó mientras leía Nocilla Dream. Entendí que había una barrera extraña sobre los temas permitidos y los estilos permitidos en la literatura. No era una barrera real, sino una barrera cultural o más bien: un muro hecho de cultura. Nocilla Dream lo rompía. ¿Por qué, si hay muchas obras anteriores que hacen más o menos lo mismo no tenían el mismo efecto en mí como lector? Se me ocurren dos respuestas: la primera es la diferencia entre narrar en inglés y narrar en español, donde ese muro-hecho-de-cultura está colocado en territorios diferentes. Entonces, la fuerza de Nocilla Dream radicaba en trasladar al español nociones que venían de otros lenguajes para crecer el terreno (no sólo lenguajes humanos, sino también los lenguajes de las ciencias y de otras artes). Parte de este terreno ya habría sido ganado, primero por las vanguardias históricas y luego por escritores como Julio Cortázar en Rayuela, pero se habría perdido o abandonado cuando la literatura tomó otros derroteros. Esta, creo, es la explicación canónica de lo que hace Nocilla Dream. El propio Fernández Mallo elabora a profundidad sobre sus técnicas y propuestas en Postpoesía.

Se me ocurre otra explicación, más personal y quizá más sencilla, aunque tal vez totalmente errónea. Lo que en prácticamente cualquier otra obra similar a Nocilla Dream se lee es una angustia por el futuro, es decir, un miedo o un pesimismo por dónde nos puede llevar tanta tecnología e hiperconexión. Pero en Nocilla Dream (y las que le siguen) lo que se lee es un profundo amor por el presente: por los cuartos de hotel, por los chicles en el pavimento, por los hackers, por los activistas de causas perdidas, por los encendedores, por las zapatillas colgadas en un árbol, por la música pop, es decir, un amor por las orillas que miradas de otra forma pueden ser el centro.

Ahora, de las tres Nocillas, mi favorita es Experience, toda ella, pero específicamente la idea de cocinar el horizonte. En esa imagen, creo, se explica mejor que en ninguna otra cómo es que Nocilla Dream propone una nueva forma de narrar, aunque no esté en ese libro, sino en el siguiente. Con todo, ni Experience ni Lab causaron en mi esa sensación de que se rompía un dique, de que había adquirido una nueva libertad, de que ahora sí se podía escribir de lo que fuera.


Dice Javier Moreno que siempre que abre un libro espera que le cambie la vida. Yo también. Creo que a todos los lectores voraces les pasa lo mismo. Por eso leemos, para dudar, para saber que estamos equivocados. A diferencia suya, sé que muchos libros han cambiado mi vida, y al menos uno radicalmente: Cambio de piel de Carlos Fuentes. Tal vez hable de ello en una nota posterior.


PS: Sí, los mapas tienen erratas. Es una lástima, pero creo que se entienden y no me puedo poner a corregirlos ahora.